IMPORTANCIA DE LA NEUROCIENCIA

Una neurociencia forma parte de un conjunto de disciplinas abocadas al estudio del sistema nervioso y como en la mayoría de los casos se trata de un estudio y abordaje multidisciplinar -entre varias disciplinas- quizás sea correcto hablar de neurociencias, en plural. Estas ciencias engloban desde el estudio a nivel molecular, es decir, de la conformación puramente física del sistema nerviosos hasta lo que hace referencia a lo conductual y cognitivo, que se refleja en las actitudes y acciones de cada individuo para con el exterior. Asimismo, las neurociencias se encargan no sólo de lo referente a la patología a estudiar sino también del desarrollo de fármacos orientados al tratamiento de estas patologías relacionadas con la psiquis humana.


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Las neurociencias tienen como objeto de estudio nada más ni nada menos que comprender el complejo sistema mediante el cual funciona la mente humana, abordando ese estudio de manera científica. Las células del cerebro, llamadas neuronas, se encuentran ampliamente influenciadas por el entorno en el cual el individuo se relaciona con ese mismo entorno y con las demás personas, y es por eso que las neurociencias también tienen disciplinas como el caso del psicoanálisis, que está enfocado en el estudio de la conducta humana para develar los rasgos actitudinales de cada persona. También, se encargan de desentrañar cómo es que se produce el proceso de aprendizaje, de archivado de información en el cerebro, y los procesos biológicos que tienden a facilitar el proceso de aprendizaje.

Los profesionales de las neurociencias son todos aquellos psicopedagogos, psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas que han sido formados y preparados para abordar diferentes casos en relación al análisis conductual de las personas y que a su vez, pueden estar autorizados para el recetado de psicofármacos (en el caso de los psiquiatras). Además, también están los neurocirujanos, que son aquellos cirujanos que se especializan exclusivamente en operaciones quirúrgicas en el área del cerebro.

En la actualidad, las neurociencias han tenido una gran tarea en la medida que muchas personas padecen trastornos del sueño, de ansiedad, de angustia, estrés, debido a la aceleración del ritmo en el cual estamos inmersos y que es el tiempo que nos imponen todas nuestras obligaciones diarias, que muchas veces dejan a las personas con poco tiempo para la relajación de la mente y el exceso de responsabilidades y de tareas -muchas de ellas que se deben realizar casi al mismo tiempo- juegan en contra para la salud mental.

Seguramente hemos visto alguna vez carteles con pequeños tubos de luces de colores en negocios, comercios y otros locales a la calle. ¿Qué es eso que los compone? Bien, se trata de un elemento químico, que en la tabla periódica de los elementos corresponde al símbolo Ne. Por otra parte, el neón conforma el grupo de los cinco elementos que en mayor abundancia se encuentran en el Planeta, sobre todo en la corteza terrestre y en la atmósfera (los otros son el hidrógeno, carbono, helio y oxígeno). Asimismo, los científicos aseguran que es uno de los elementos también más abundantes en lo que respecta a todo el universo.

El neón forma parte de la categoría de los gases nobles, y a si a los gases nobles -como el neón, xenón, kriptón, y otros más- los asociamos a la iluminación o a las luces –como en el ejemplo que pusimos al comienzo- no es una casualidad. La iluminación es una de las aplicaciones básicas y quizás más frecuentes de este tipo de gases, y esto se debe principalmente a la baja radioactividad química que poseen. Desde su descubrimiento a fines del siglo XIX por parte de los científicos británicos Ramsey y Travers, el neón también es utilizado en la fabricación de los tubos que van dentro del televisor y es el encargado de la transmisión de colores, como así también mediante la mezcla de neón con helio es posible lograr luces de láser.


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Los gases nobles o también denominados inertes, tienden a proporcionar una tonalidad rojiza, que es el que estamos acostumbrados a observar en lámparas o estos tubos de colores de los que hablábamos al principio. Más allá de que en carteles publicitarios y esas cosas vemos de manera frecuente también otros colores, el neón es sólo aquel que obtiene tonalidad en rojos, los demás colores se tratan de otros gases que proporcionan dichas tonalidades.

Las luces de neón en la actualidad están en muchas partes, y en general se utilizan como indicaciones acerca de algo, de algún lugar o para resaltar algún dato o información que resulta importante para que otros lo vean. Sin embargo, no siempre vemos que esas luces sean de tonalidad rojiza, sino que muy por el contrario, vemos que las hay de todos los colores, y esto se debe principalmente a la mezcla del neón con otros elementos que permiten la combinación de colores que se utilizan mucho en estos casos de cartelería y cartelería publicitaria

En nuestra vida cotidiana, cientos de sonidos alcanzan nuestros oídos. Algunos nos producen placer, nos gustan, pero otros nos repelen y nos provocan malestar. A partir del oído, que es uno de nuestros cinco sentidos, somos capaces de percibir el sonido, que es un estímulo recibido por parte de nuestro cuerpo. Pero a su vez también estamos capacitados para generar sonido, no sólo a través de elementos o aparatos mecánicos o electrónicos, si no naturalmente, por ejemplo, con nuestra voz, a través de la puesta en funcionamiento de nuestras cuerdas vocales. Pero vamos al punto que nos interesa, ¿qué es el sonido y cómo se origina?

Dentro de la física, el sonido es un fenómeno que se produce a partir de la puesta en movimiento de ondas que son elásticas y que tienen la capacidad de propagarse, expandiendo el alcance de ese movimiento, que es una vibración, más allá de que sea audible o no. Esas ondas, al contacto con el aire, producen un sonido que es captado por el cerebro, siempre teniendo como intermediarios a los sentidos, como en este caso, el oído.

Nuestra voz es un perfecto ejempo de esto, ya que es una fuente de vibración y que dicha vibración es producida por el movimiento de las cuerdas vocales, que permiten de ese modo generar sonido. Además, también los humanos somos capaces de generar sonido no sólo naturalmente sino también a partir de aparatos electrónicos como los instrumentos musicales o de manera artificial como por ejemplo si movemos en el aire un par de llaves.

Asimismo, del mismo modo que podemos efectuar sonido, también lo percibimos: como dijimos antes, mediante el oído, que es el sentido que se pone en acción al recibir desde el exterior un estímulo auditivo, es decir, que debe ser el oído quien actúe para que el cerebro pueda recibir el estímulo, y no ninguno de los demás sentidos. Al recibir el estímulo el cerebro, también luego es capaz de interpretarlo, por ejemplo: si esuchamos el ladrido de un perro por la noche en el patio de nuestra casa, podemos interpretar que hay alguna persona que se está acercando o que está transitando por nuestro patio o también cuando escuchamos una canción determinada y esa canción nos evoca algún recuerdo de algún momento que para nosotros fue memorable.

El sonido se diferencia del ruido porque no produce un malestar o un daño, sino que se mantiene en el nivel que no es perjudicial para el oído.

Los seres humanos somos todos nosotros, que desde la biología, estamos considerados una especie animal, y que nuestra especie recibe el nombre de Homo Sapiens. Esta denominación hace referencia a la principal característica que tiene el ser humano y que no tienen el resto de los seres humanos, y que es la capacidad de razonar, ya que "sapiens" significa "sabio".

El Homo Sapiens, es decir, nosotros como seres humanos, tuvimos algunos antepasados que en la actualidad ya se consideran especies extinguidas, como el Homo Habilis que fue el primer registro de la evolución humana (y cuyo nombre significa “hombre hábil), y el Homo Erectus, que es la especie que supone el paso de la postura del hombre de movilizarse con sus cuatro extremidades (piernas y brazos, tal como caminan los animales), a caminar erguido y hacerlo sólo con las extremidades inferiores (piernas).

La capacidad de razonar le ha permitido al Homo Sapiens el poder organizar el mundo no sólo de manera práctica sino también de manera abstracta, lo cual otros animales no hacen. Por ejemplo, el Hombre es capaz de organizarse territorialmente mediante la delimitación de fronteras, de organizarse mediante leyes y normas jurídicas, mediante formas de gobierno, entre otros. El lenguaje también es una estructura de organización desde la cual el Hombre se vale del mismo para establecer las relaciones con otros de su misma especie, que comparten la característica de considerarse "seres sociales", porque son capaces no sólo de vivir en sociedad sino también de consensuar y convenir esa convivencia.

Pero también el Homo Sapiens tiene una gran capacidad de reflexión sobre sí mismo, pudiendo a su vez reflexionar sobre su pasado y tener la capacidad de proyectar hacia el futuro. Pero por otra parte, tiene un gran poder de transformación, ya sea a nivel individual, social, como así también del entorno natural que lo rodea. Por ejemplo, el preguntarse sobre el origen de todas las cosas, y por ende, de él mismo llevó al Hombre a la reflexión que dió paso al pensamiento filosófico. Las religiones, como parte de una forma del Hombre por explicar algunos de los fenómenos que acontecen en su entorno, también es un ejemplo de esta capacidad de abstracción por sobre las cosas visibles y tangibles.

Además, el desarrollo de las ciencias y de la tecnología por ejemplo, jamás hubiesen sido posibles si el Homo Sapiens no hubiese desarrollado esta capacidad de razonar que lo lleve a reflexionar y a pensar más allá de todo lo que ve en su entorno natural, como es lo que ocurre en el caso de los animales.

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